Y coger un par de billetes de ida y vuelta y perderme entre sus sábanas, entre sus besos, entre su nada. La paciencia no es la madre de la ciencia, pues ningún tipo de número cardinal es lo suficientemente grande para describir lo que le amo. El frío, la lluvia y la humedad se van retirando y poco a poco veo ese rayo de sol que da el pistoletazo de salida del verano, y a veces lo confundo con el dorado de su pelo, alborotado y loco pelo.
A veces es escuchar su respiración, otras verlo dormir, y la mayoría estudiar el movimiento que hacen sus labios al pronunciar un "te echo de menos", para darme cuenta lo afortunada que soy, afortunada como cuando todos los números se alinean y te brindan la oportunidad de ganar millones, millones que nunca serán equiparables al poder verlo reír.
Como el café frío, como un cigarrillo encendido, como un RonCola, como todos esos olores que se prenden en la ropa, en la mente, en el olfato, mi corazón ha quedado impregnado de él, de su ser.
Nunca te olvides de soñar.
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