Que me encanta que sepas de cartografía, pero yo quiero ser tu mapa favorito. Quiero que te acuerdes de arriba a abajo de todos y cada uno de mis gestos y milímetros. Que te acuerdes de mi pelo de leona nada más salir de la ducha, o nada más salir de tu cama; de mis ojos suplicándote que me beses y el verte reflejado en mi iris, que así es como más bonitos están. Mi boca buscando tus labios desesperadamente y llegar finalmente a mi meta sin ningún tipo de obstáculo. Quiero que sigas bajando por mi cuello, mi clavícula y llegues a mi pecho, con tus dedos, con tus manos, y sigas acariciándome por mi vientre, beses mi brazos, llegues a los accidentes geográficos más pronunciados del universo, mis nudillos; y finalmente me agarres la mano. Y ahora... despacio..., lentamente..., muy pausado..., sigas bajando, y ahí encuentres tu sitio favorito, la X de tu mapa del tesoro, las ganas de tenerme esta fría noche de otoño en tu cama, y que me erices la piel. Que llegues hasta erizarme hasta los dedos de mis pies, llegando así hasta el final del plano.
Pero también quiero que te olvides, que un día no sepas utilizar ninguno de tus métodos cartográficos, que no funcione tu brújula y ni si quiera ganas de dibujarme, de esbozarme; y ahí llegue yo. Agarrándote esas manos, largas manos y te enseñe el camino de vuelta a casa y tú me dibujes lo puntiagudo de mis orejas, lo arqueado de mi espalda y lo enamorado de mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario